13.11.13

Por qué la sandalia de David Fernández daña a la izquierda

 


Todos conocemos el episodio de David Fernández amenazando simbólicamente a Rato con una sandalia. Quiero comentarlo para explicar por qué creo que estas actitudes dañan a la izquierda más que la benefician. Y no, no es por el tema del matonismo - personalmente, creo que interpretar lo de la sandalia más allá del ámbito retórico es exagerar -.

Lo que David Fernández le dijo a Rodrigo Rato estuvo muy bien, especialmente cuando le preguntó si le gustaría perderlo todo como tantas familias que han sido desahuciadas. El problema es que con lo de la sandalia, que en el fondo es una chorrada, consiguió que los medios - y por tanto la gente - ignorasen el contenido de sus palabras. El público debería haberse centrado en el silencio humillante del banquero, que no supo contestar correctamente a las acusaciones, y no en algo que no pasa de pura anécdota. Si hay una chorrada, la prensa se va a fijar en la chorrada.

Algunos dirán que la política no debe hacerse pensando en el impacto mediático, y es verdad, pero también es cierto que las cosas se cambian gobernando y para gobernar hay que ganar elecciones, y las elecciones se ganan conectando con el público. Estos días en vez de comentar cómo Rato fue incapaz de defenderse cuando se le acusó de hundir en la miseria a miles de familias, estamos hablando todos de la sandalia de David Fernández. Y eso es bueno para Rato y lo que representa.

Probablemente Fernández quería enviar un guiño a sus bases, ya que lo de los zapatos es habitual en las sociedades musulmanas y las izquierdas radicales españolas tienen una fuerte conexión con la política árabe. Lo malo es que eso es, resumidamente, predicar entre conversos. Las bases del CUP ya están convencidas y ya saben que los árabes tiran zapatos y son guays, pero de lo que se trata es de trascender y llegar a una mayoría social descontenta más amplia.

La izquierda radical española, sea en Cataluña, País Vasco o en el ámbito nacional, se ha quedado atrapada en algo que es pura estética. Gestos como el de Fernández seguramente encantarán a un chaval de ESO que lleva la camiseta del Ché, escucha a Kortatu y piensa que todo eso es muy revolucionario. Pero a una pareja de treinta y cinco que está preocupada por la hipoteca, los pañales del pequeño y el comedor escolar del mayor, seguramente esto le sonará a cachondeíto o le parecerá postureo y no le ayudará a ganar confianza en las alternativas de izquierda. Problemas serios exigen respuesta seria y no basta con ser serio, hay que parecerlo. A la gente que está sufriendo hay que ofrecerle algo más que estética punk kalimotxera y actitud porque con la actitud ni se ganan elecciones ni se reforman las leyes.

Creo que en parte esta actitud de la izquierda ha sido alimentada por el éxito de los procesos revolucionarios en la América Bolivariana donde esta teatralización de la política es habitual, pero no se están teniendo en cuenta diferencias importantes.

Uno de los motivos por los que este tipo de escenificación política tuvo éxito en Latinoamérica es porque en naciones como Venezuela la izquierda bolivariana tenía el apoyo del ejército y el soporte de grandes masas de campesinos pobres con su lenguaje particular, lenguaje que Chávez siempre interpretó a la perfección. Es otra cultura y es otro contexto, Europa no es América Latina ni tiene los mismos problemas, por lo tanto no sirve la misma escenografía. No hay más que ver el caso de países como Brasil donde las circunstancias eran otras y la izquierda, por lo tanto, tuvo que tomar vías diferentes o más convencionales para lograr el poder y llegar a objetivos similares.

Yo soy de los que creen que Europa necesita el equilibrio entre una izquierda socialdemócrata y "sistémica" y una radical y revolucionaria. Está claro que la izquierda radical ha subido con la crisis pero tampoco es que haya tumbado al sistema. Con este tipo de interpretaciones orientadas más a gustar en Twitter o a fascinar a los punkarras de barrio que a pasar reformas reales se pierde la oportunidad de llegar a una mayoría social amplia y lograr una transformación visible de la situación política.

Si te comportas como un payaso no te van a tomar en serio aunque estés diciendo la verdad. Los que sufren te tomarán por un niño de papá que va de punki y que no puede o no quiere solucionar sus problemas, perdiendo así el soporte ciudadano. Es necesaria una izquierda radicalmente reformista que esté dispuesta a reestructurar una economía injusta pero desde una actitud confiable y seria que pueda ser respaldada por todos los ciudadanos independientemente de su tribu urbana o sus gustos estéticos.



Para que no parezca que estoy comentando ambigüedades voy a poner un ejemplo con nombre y apellidos: Alexis Tsipras, el líder de SYRIZA.

Alexis Tsipras representa y es lo mejor de la izquierda radical europea. Tsipras no ganó las elecciones en Grecia, pero demostró que una izquierda radical puede romper el cerco y conectar con una mayoría social amplia siguiendo las reglas estructurales de una democracia liberal. Tsipras ha demostrado que una izquierda radical puede tomarse en serio los problemas de los ciudadanos y plantear reformas políticas en lugar de obsesionarse con el postureo, con parecer guay, con triunfar en Twitter o con gustarle a las tribus urbanas.

Si más izquierdas como la representada por Tsipras se configurasen en cada país de la Unión y actuasen coordinadamente y en clave europea es posible que pudiéramos tumbar el dominio neoliberal germano. Lamentablemente, los griegos están solos en esto ya que otras izquierdas radicales como la española, la portuguesa o la francesa siguen centradas en cuestiones estéticas, comportándose como si aún fuéramos ricos o tuviéramos una clase media sólida, como si ser "revolucionario" aún se redujera a llevar una camiseta o un corte de pelo equis cuando tiene todo que ver con los problemas de los ciudadanos.

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